
El día de los clones fue el intento fallido de Miles Diamond Jr. por recuperar el corazón de Kristin. Después de protagonizar titulares como “El modo más humillante del que te pueden abandonar”, Diamond Jr, en una muestra de falta de dignidad y autoestima sin precedentes, escribe Day of the clones con Kristin mil veces protagonista. Ante el cheque en blanco que Miles le puso delante por interpretar la que iba a ser la película más rocambolesca del director -y teniendo en cuenta que Kristin pretendía convertirse en la mecenas de su por entonces actual amor, el realizador novel Justin Case-, la actriz no pudo hacer otra cosa que aceptar. Dispuesto a todo, Miles puso a disposición de Kristin un aberrante camerino de 240 metros cuadrados, tres veces mayor que los platós donde se rodaron los interiores de la película. "¡Sólo del camerino se podría hacer una película!" exclamó Case perplejo al verlo. Y no le faltaba razón: el camerino contaba con un bar y un camarero que hacía mojitos a capricho de Kristin, una piscina en forma de K con aguas sulfurosas traídas de Islandia, una sala de gimnasia con su entrenador, un masajista oriental, y un pianista tocando un piano de cola blanco con los bemoles de lapislázuli, piedra preciosa favorita de Kristin. Por si la excentricidad fuera poca, todos ellos tenían que ir vestidos de romanos: centurión, gladiador, emperador y tribuno, respectivamente (Kristin estaba fascinada por la representación que el cine hacía de la civilización romana, su Terrier de Yorkshire se llamaba Mesala).
Como anécdota, decir que después de las obscenas cantidades de dinero que estos hombres recibieron por semejante labor, ninguno volvió a trabajar. El entrenador se abandonó tanto que llegó a pesar 212 kgs y murió al desplomarse el techo de la cabaña de cinco pisos que se hizo construir en una isla del Pacífico.
Day of the clones narra la historia de cómo una abducción aparentemente normal puede cambiar la vida de las personas.
Giovanna es abducida mientras se baña desnuda y sola en un lago a medianoche. Aparece 4 días después tiritando en la puerta de su casa, con amnesia parcial. Para ella, apenas hacía un instante que disfrutaba de un baño nocturno. Pero algo ha cambiado en Giovanna a los ojos de su novio Dash (Josh Claydmart). Una fogosidad extrema y la obsesión por la higiene de sus propias uñas de los pies lo alertan de que ella no es ella. Cuando Dash, psicoterapeuta de profesión, hipnotiza a Giovanna (hemos obviado que Kristin es la protagonista), no puede salir de su asombro. La chica le cuenta que los extraterrestres, con sus habituales pretensiones de invadir la tierra, han elegido a una persona para multiplicarla por miles y diseminar a sus clones por el mundo, instruyendo a cada uno de ellos como piezas del engranaje de un plan maestro de caos, muerte y destrucción. Pero el emperador extraterrestre no contaba con enamorarse locamente de Giovanna, ni Giovanna de él. El emperador, amargo soltero que había perdido toda esperanza de encontrar el amor, decide mutar su afán invasor mediante una píldora que los extraterrestres utilizan para cambiarse el humor unos a otros cuando se resultan cargantes. Desprovisto entonces de todo sentimiento imperialista y poseído por la pasión amorosa, pretende enviar un único clon de su novia a la Tierra para poder quedarse con la original. Pero como es de esperar de los altos mandos, es un desastre a la hora de hacer el trabajo por si mismo. Y como el que nunca ha hecho fotocopias en su vida y antes de darle al botón verde no mira cuántas copias hizo la anterior persona que usó la máquina, el emperador pone en marcha la clonadora estando preparada para hacer la máxima cantidad de clones. Con la sobrecarga de un trabajo de semejante magnitud, todas las copias de Giovanna salieron con una cualidad o defecto mutado, algo no perceptible a primera vista sino con el trato continuado de cada una de las clones. Es así como Dash entiende por qué su novia no es su novia, pero como está encantado con la nueva, la saca de la hipnosis sin decir esta boca es mía y con la intención de ser feliz con ella para siempre. Cree que la nueva Giovanna es la única clon que llegará al planeta. Porque, si él fuera poderoso y estuviera enamorado de una mujer que tuviera miles de clones, no las dejaría marchar sino que se rodearía de una ciudad repleta de ella, para ver a su amada en la panadería, en el parque y en el bús. Pero no imagina que el emperador no es como él y que accidentalmente todos los clones de Giovanna aterrizarán en un solo día… Day of the Clones termina con un espectacular y suave descenso de Giovannas flotantes que dura dos minutos, un estético juego de luces y contraluces que se recrea en todas las facciones, cabellos, curvas y demás encantos de Kristin Jenkins.