¿Qué fue de Kristin Jenkins?

Un espacio para rescatar del olvido a la diva de los 70 y celebrar sus películas. Porque joyas como La fuga de Montisanti, Broken Chasis, Abismo Carnal o El monte de Venus está en La Tierra, quizás ya no puedan ser visionadas, pero merecen ser contadas.

7.4.06

Agujeros negros

“Cuando me enamoro soy transportadora de una energía universal, no es algo que pueda controlar, simplemente me convierto en un canal por el que el amor fluye, y de ese amor, de esa energía no puedo escapar. Así que me abandono, como si estuviera en el campo de atracción de un agujero negro, de una estrella implosionada de la que nada se puede sustraer.”
Kristin Jenkins


A pesar de todos los fracasos y desengaños, Kristin se levantaba y se volvía a enamorar perdidamente. Y se volvía a caer. Su capacidad de amar era pasmosa. En cada relación lo daba todo, olvidando el sufrimiento que iba acumulando; lejos de escarmentar, se enamoraba más profundamente que la vez anterior. Quizá buscaba en los demás lo que ella misma no se podía proporcionar.

Pero hubo una llaga en su corazón que nada ni nadie pudo cicatrizar en mucho, mucho tiempo. El pavoroso incendio que arrasó la casita que compartía con Clyde Templeflower en la Selva Negra, se llevó algo más que las bobinas de La Vigilia del Deseo, El monte de Venus está en La Tierra, y Hay un kartoffen para ti. Kristin fue testigo impotente de cómo su flamante marido ardía intentando salvar su obra – flamante, nunca mejor dicho, Clyde era una antorcha humana corriendo desesperadamente por la Selva-. Esas películas eran a un tiempo la materialización de sus sueños de realizador y el diario de su historia de amor con Kristin. El dolor por la muerte de Clyde Templeflower en su idílica casita, los reflejos del marido ardiente en sus pupilas, no la dejaban vivir. Deshecha, Kristin se abandonó durante meses en la mansión del lago Como en la que había conocido a Clyde, rodeada de sus recuerdos, regodeándose en su dolor, hasta que no pudo más: se tragó uno a uno todos sus pendientes y anillos, ayudándose de esmalte de uñas Abîme Rouge
Afortunadamente, como ya sabemos, Kristin salió de ese agujero negro y todo quedó en un amarguísimo capítulo de su intensa vida.

25.3.06

Day of the Clones


El día de los clones fue el intento fallido de Miles Diamond Jr. por recuperar el corazón de Kristin. Después de protagonizar titulares como “El modo más humillante del que te pueden abandonar”, Diamond Jr, en una muestra de falta de dignidad y autoestima sin precedentes, escribe Day of the clones con Kristin mil veces protagonista. Ante el cheque en blanco que Miles le puso delante por interpretar la que iba a ser la película más rocambolesca del director -y teniendo en cuenta que Kristin pretendía convertirse en la mecenas de su por entonces actual amor, el realizador novel Justin Case-, la actriz no pudo hacer otra cosa que aceptar. Dispuesto a todo, Miles puso a disposición de Kristin un aberrante camerino de 240 metros cuadrados, tres veces mayor que los platós donde se rodaron los interiores de la película. "¡Sólo del camerino se podría hacer una película!" exclamó Case perplejo al verlo. Y no le faltaba razón: el camerino contaba con un bar y un camarero que hacía mojitos a capricho de Kristin, una piscina en forma de K con aguas sulfurosas traídas de Islandia, una sala de gimnasia con su entrenador, un masajista oriental, y un pianista tocando un piano de cola blanco con los bemoles de lapislázuli, piedra preciosa favorita de Kristin. Por si la excentricidad fuera poca, todos ellos tenían que ir vestidos de romanos: centurión, gladiador, emperador y tribuno, respectivamente (Kristin estaba fascinada por la representación que el cine hacía de la civilización romana, su Terrier de Yorkshire se llamaba Mesala).
Como anécdota, decir que después de las obscenas cantidades de dinero que estos hombres recibieron por semejante labor, ninguno volvió a trabajar. El entrenador se abandonó tanto que llegó a pesar 212 kgs y murió al desplomarse el techo de la cabaña de cinco pisos que se hizo construir en una isla del Pacífico.



Day of the clones narra la historia de cómo una abducción aparentemente normal puede cambiar la vida de las personas.
Giovanna es abducida mientras se baña desnuda y sola en un lago a medianoche. Aparece 4 días después tiritando en la puerta de su casa, con amnesia parcial. Para ella, apenas hacía un instante que disfrutaba de un baño nocturno. Pero algo ha cambiado en Giovanna a los ojos de su novio Dash (Josh Claydmart). Una fogosidad extrema y la obsesión por la higiene de sus propias uñas de los pies lo alertan de que ella no es ella. Cuando Dash, psicoterapeuta de profesión, hipnotiza a Giovanna (hemos obviado que Kristin es la protagonista), no puede salir de su asombro. La chica le cuenta que los extraterrestres, con sus habituales pretensiones de invadir la tierra, han elegido a una persona para multiplicarla por miles y diseminar a sus clones por el mundo, instruyendo a cada uno de ellos como piezas del engranaje de un plan maestro de caos, muerte y destrucción. Pero el emperador extraterrestre no contaba con enamorarse locamente de Giovanna, ni Giovanna de él. El emperador, amargo soltero que había perdido toda esperanza de encontrar el amor, decide mutar su afán invasor mediante una píldora que los extraterrestres utilizan para cambiarse el humor unos a otros cuando se resultan cargantes. Desprovisto entonces de todo sentimiento imperialista y poseído por la pasión amorosa, pretende enviar un único clon de su novia a la Tierra para poder quedarse con la original. Pero como es de esperar de los altos mandos, es un desastre a la hora de hacer el trabajo por si mismo. Y como el que nunca ha hecho fotocopias en su vida y antes de darle al botón verde no mira cuántas copias hizo la anterior persona que usó la máquina, el emperador pone en marcha la clonadora estando preparada para hacer la máxima cantidad de clones. Con la sobrecarga de un trabajo de semejante magnitud, todas las copias de Giovanna salieron con una cualidad o defecto mutado, algo no perceptible a primera vista sino con el trato continuado de cada una de las clones. Es así como Dash entiende por qué su novia no es su novia, pero como está encantado con la nueva, la saca de la hipnosis sin decir esta boca es mía y con la intención de ser feliz con ella para siempre. Cree que la nueva Giovanna es la única clon que llegará al planeta. Porque, si él fuera poderoso y estuviera enamorado de una mujer que tuviera miles de clones, no las dejaría marchar sino que se rodearía de una ciudad repleta de ella, para ver a su amada en la panadería, en el parque y en el bús. Pero no imagina que el emperador no es como él y que accidentalmente todos los clones de Giovanna aterrizarán en un solo día… Day of the Clones termina con un espectacular y suave descenso de Giovannas flotantes que dura dos minutos, un estético juego de luces y contraluces que se recrea en todas las facciones, cabellos, curvas y demás encantos de Kristin Jenkins.

16.3.06

Abismo Carnal

GÉNESIS APOCALÍPTICA DE TODO UN GÉNERO
Pocos conocen los verdaderos comienzos en el cine de Kristin Jenkins. Aunque mucho se había especulado, hasta el inicio de los 80 nadie había recuperado las bobinas de la película que inició a la Jenkins en lo que se ha venido a llamar Pornoterror Espacial, género en si mismo a pesar de las escasas pruebas de su existencia.
Géneros denostados por la industria cinematográfica de la época como la pornociencia-ficción o el pornoterror, tuvieron sus adeptos entre los fans de la pornografía que se buscaban a sí mismos. La estrella fugaz Fallon St. James, con su entrega en pantalla, y su inolvidable monólogo pesimista al más puro estilo Schopenhauer recitado mientras era poseída por un zombi, supo aliviar las heridas de esos corazones, consolar esas almas sedientas de compartir soledades no buscadas, desazones de espíritu, inquietudes místicas.
Superado el estrépito de los fracasos en taquilla de Pánico en el tren del deseo y Los selenitas también aman, ambas dirigidas por Miles Diamond Jr, el archimillonario e incomprendido realizador conoció a Kristin Jenkins en una de las fiestas de Jenny y Jay Flirt, pasando a encabezar lo que después sería la mítica lista de tórridos y destructivos romances de la diva*. El mayor admirador y estudioso de la carrera de Kristin, Scott Childer, es la figura a la que hemos de agradecer el hallazgo de esta joya del Pornoterror Espacial que ahora nos ocupa.
Abismo carnal no es más que la reinterpretación del mito del Feersten-dörtz escandinavo desde una perspectiva nunca antes explorada. Ignota quizás porque nadie había reunido el coraje necesario, el que Kristin despertó en Diamond; una simbiosis de talento frustrada por los excesos que llevaron a la pareja al final que más ha dado que hablar a las revistas sensacionalistas de los 70.

*Fuente: Kristin Jenkins, rise and fall. Scott Childer, Pinguin, 1986.



Bocetos de Story de Miles Diamond Jr. cedidos por su hijo Jeff



Año 3027. Los humanos prosperan en las colonias que han establecido en Marte tras la desaparición de las condiciones imprescindibles para la existencia de vida en el planeta Tierra, esto es, la desaparición de la Tierra en sí misma a causa de la explosión de su núcleo, fatídica consecuencia de la despreocupación y el maltrato del hombre a su ecosistema.
La convivencia entre marcianos y terrícolas se desarrolla en un ambiente de crispamiento silenciado por los esfuerzos de lograr un respeto mutuo de los jefes de la diplomacia de ambos mundos (o mundo y medio, recordemos que la Tierra como tal no existe). Pero si algo nunca se ha podido ignorar desde los anales de los tiempos de cualquier galaxia es la evidencia, y las mujeres de la tierra sienten una evidente fascinación por las evidentemente desmesuradas proporciones de los marcianos varones. Las hembras de las colonias rehúsan tener relaciones con sus hombres, - no así con los marcianos, a los que se entregan desaforadamente- por lo que la raza humana corre serio peligro de extinción. Polly Sullivan (interpretada por una voluptuosa Jenkins), es una atractiva e independiente doncella humana licenciada en Filosofía. La joven de arraigados principios morales e inconsciente de sus terrenales encantos, encuentra por accidente una fisura espaciotemporal en el Universo. Desoyendo los avisos e indicios que advierten del peligro que supone para un humano adentrarse en la fisura, Polly se introduce en ella. Se inicia así en el no mundo orgiástico de pompas y placeres que ofrece esa no dimensión con el fin de averiguar y analizar fríamente el secreto de la incontrolable atracción que provocan los marcianos sobre las humanas y salvar así a la humanidad de la extinción.
Pero Polly no está preparada para lo que le depara un no destino de térmicas texturas y posturas imposibles: Matt Adorno (un anabolizado Clifford Starr tras su fracaso matrimonial con Fiona Buchowski), apuesto marciano autor del primer bestseller del planeta rojo sobre androides moradores de la Caverna de Platón, se cruza en su búsqueda. Matt apenas pondrá a prueba los firmes valores de Polly: la heroína sucumbe ante ese marciano irresistible que llena todos los recovecos de su cuerpo y su alma. La pasión adentra a Polly en la espiral del nunca-es-suficiente, perdiendo de vista por completo la misión que su propia dignidad y su sentido del deber le habían encomendado. Es en ese torbellino de arrebato, fluidos y perdición donde descubre que Matt es en realidad un vampiro, terriblemente atractivo con sus mallas plateadas, pero un muerto en vida, un hijo de Nosferatu al fin y al cabo. Las vejaciones a las que es sometida nuestra entrañable Polly en aras de salvar la humanidad, son merecedoras de algo más que un burdo comentario en estas líneas, por lo que aquí lo dejamos, de momento.
La secuela de Abismo Carnal, la tan conocida como desdeñada Moradores del Abismo, tachada de nihilista en su época, cobra un nuevo sentido tras el visionado de su antecesora.


 


3.3.06

El encuentro

La primera vez que vi a Kristin Jenkins llevaba un vestido de raso rojo. Aturdida, me miraba desde el suelo del casino de Joe di Matteo. Exhausta, apoyaba sus manos en la moqueta azul intentando apartarla de su cuerpo sin fuerzas ni éxito. Frente a ella, a ras de suelo, mi corazón latía al compás de su respiración entrecortada, y cada vez que espiraba el aire viciado de aquel antro, mostraba el vertiginoso escote de su espalda. Parecía que el aura protectora de Kristin había abandonado la escena, y la ausencia de uno de sus zapatos de tacón, rojos como el vestido, aumentaba aquella sensación de vacío.

La interpretación de la Jenkins en La fuga de Montisanti nunca fue premiada por ninguna academia, pero dudo que dejara indiferente a alguna de las 87 personas que fuimos a verla durante la semana escasa que aguantó en cartel. Otro fracaso de taquilla para el productor y entonces amante de la Jenkins. Y un triunfo para mí: aquella mirada desde la moqueta me hizo amar el cine, amar la vida, y sobre todas las cosas, amar a Kristin Jenkins.



Scott Childer, el mayor estudioso de la carrera de nuestra diva, falleció en 1986, dos años después de la desaparición de Kristin. Scott era un hombre torturado del que sin embargo no hay que olvidar su pundonor y tesón, gracias a los cuales se nos ha revelado todo lo que hoy sabemos de Kristin. Pero esa absorbente pasión unidireccional del crítico por la estrella provocaron los celos de su pareja, celos letales, que acabaron con la vida de Childer antes de que lograra averiguar lo que todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿qué fue de Kristin Jenkins?

Desaparecido el fan nº 1 de Kristin Jenkins en tan trágicas circunstancias, me vi moralmente obligado a continuar su labor. Para descubrir qué fue de Kristin, empezaré por recomponer aquí el puzzle de su vida, su auge artístico y su descenso a los infiernos, sus pasiones, sus miedos, su intenso modo de existir. Y cómo no, sus películas, algunas inclasificables y otras enmarcadas en géneros cinematográficos en los que muy pocos creyeron como el Pornoterror espacial, el Thriller costumbrista post-industrial o la Sci-fi romántico-selvática. Tesoros de deslumbrante estética, universos de afectado oropel en sinergia con brillantes y valientes guiones sembrados de exhibicionismo intimista, robots naturalistas, cardados nihilistas y tacones imposibles. Obras de culto que las envidias, la censura y los intereses de la industria cinematográfica de la época mutilaron alevosamente.

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